El pasillo que conducía al quirófano era más largo de lo que había imaginado. Las paredes, de un blanco clínico y luminiscente, parecían cerrarse sobre ella, guiándola hacia un destino que ya no podía eludir. Clara caminaba junto a Rojas, sintiendo el peso de la mirada de Félix grabada en su espalda. No era solo una mirada de vigilancia; era una expectativa. La expectativa del capo que había invertido en un recurso y ahora esperaba su retorno.
El paciente yacía en la mesa de operaciones, conect