Por Alice
No soy de acero, nunca pude olvidarlo.
Habían pasado algunas semanas desde que lo vi nuevamente en la
oficina de Mixer y durante ese tiempo, Alberto se había acercado a mí cada vez que pudo hacerlo, me había besado como solía hacerlo y logró, aquella tarde en el café, sin un beso de por medio y rodeados de gente, acercarse a mí.
No puedo seguir diciendo que no, aunque mi alma seguía herida.
Comprendí que el amor de los dos era muy fuerte, tanto que, si no estamos juntos, me lastimab