Por Alberto
Me quedé con las manos extendidas, sosteniendo una bolsa de una afamada marca francesa, contenía esas joyas que había comprado en el viaje anterior, ese que hice junto a Vivián.
El ramo lo tomó, quizás por la sorpresa, pero la bolsa no la agarró.
-Yo me comprometí hoy, me voy a casar.
Esas palabras se repetían en mi mente, eran como un eco lejano, como un sueño espantoso, como una pesadilla.
-No… no puede ser, vos me amás, yo te amo.
-Vos no me amás, solamente te amás a vos mismo,