Ivette Russell
Tabatha y yo nos despedimos de su padre, a las afueras de la villa. Tal y como lo hubo prometido más temprano, él se encargaría de arreglar el error que he cometido con la contabilidad de la empresa.
—Clariss —llamé a la nana de mi hija.
—En la cocina.
Escuché la cantarina voz de la muchacha emerger del lugar indicado.
—¿Qué haces? —pregunté, mirando el montón de bolds e ingredientes esparcidos sobre la mesa.
—¡Hola, bebé! —La muchacha caminó hacia mi hija, a quien llevaba en br