René Chapman
Aunque traté de disimularlo lo mejor que pude, la verdad es que el pequeño roce de palabras que he tenido con Ivette la noche de ayer me ha puesto de un humor bastante irritable, no lo negaré.
¿Cómo es que puede ser tan jodidamente intuitiva?
Era el segundo vaso que acababa en menos de nada y mi amigo ya me veía con preocupación.
—Oye, viejo —silbó—. Dale con calma, ¿Sí? —Me miró por encima de su propio vaso—. No quiero tener que arrastrar tu perezoso trasero de regreso a la casa.