Ivette Russell
Estaba sentada bajo la sombra de una gran palmera, observando como mi hija disfrutaba de la deliciosa agua marina.
Tras el fallecimiento de Dennis, el abuelo había insistido en enviar una nueva muchacha en la casa. Ella no solamente jugaba con la bebé, sino que también era lo suficientemente agradable como para platicar conmigo.
Me avergüenza reconocerlo, incluso ante mí misma, pero desde esa pequeña discusión que tuve con mi esposo después de la muerte de su nana, las cosas entr