Ivette Russell
Incluso la majestuosidad de mi traje de novia quedó totalmente empañada por lo descabellado que ha sido el regalo del abuelo.
Un yate que parecía más bien un buque petrolero, si se le comparaba en dimensiones.
—Oh, mis hijos —dijo el hombre, con mucha más energía de la que generalmente poseía—. Hoy por fin a llegado el gran día. Oh, Ivette, te ves preciosa.
Tomó mis manos en un gesto de apreciación, dejándome totalmente absorta.
René y yo cruzamos miradas por un milisegundo, sin