René Chapman
Supe que estaba a punto de caer rendida, mucho antes de cerrar sus dulces ojos. Pues, a cada segundo que pasaba menos rígido se volvía su cuerpo.
—Posesivo —musitó en un somnoliento murmullo.
—No te imaginas cuanto, Ivette —susurré, acariciando un costado de su cara.
¿Cómo hacia esta mujer para verse así de impecable, incluso en sus perores días?
Deslicé los dedos dentro de su cabellera, masajeándola en pequeños y delicados círculos. De manera casi automática, ella se acurrucó aún