Abigail la miró fijamente, los ojos de Zoe desprendían fuego.
Parecía que quería matarla, aplastarla con frialdad.
—No tengo los ojos sobre su esposo… le exijo que me suelte.
—¿Ahora te vas a dar de digna? No seas ridícula puedo darme cuenta de como lo miras, usas tú artimañas para poder escalar. ¿Qué quieres… su dinero?
Abigail tensó todo su cuerpo, Zoe tenía razón, y lo peor era que en verdad tenías razón. Como su esposa estaba defendiendo lo que había construido con Rafael. Mientras que