Abigail cortó la distancia que había entre los dos, él observó ese par de ojos que lo volvían loco, ese verde que lo atravesaba directamente en el alma.
Por instinto miró sus labios, ese imán que era difícil de abandonar, irresistible y sumamente tentador.
—¡Hazlo! Quiero que lo hagas, sácame de aquí de esa manera. Si eso es lo que quieres hacer, si crees que puedo ser tan peligrosa que podría dañar con facilidades a esa mujer, hazlo.
Lo retó, acercándose tanto a él olvidando por completo qu