Rafael pasó la mano por su rostro, no podía concentrarse, no había podido hacerlo desde el momento en que Abigail entró de nuevo a esa oficina.
No tenía ganas de tocar a su esposa, lo tenía claro. Odiaba que su vida de nuevo estuviera al borde del colapso por una mujer que nunca lo quiso.
—Lamento interrumpir cuñado, toqué la puerta un par de veces y nadie respondió.
—No hay problema, sigue. ¿Qué haces aquí?
—Vine a ver como iba todo con Abigail. Me estuvo llamando, pero no, no le pude respo