Abigail abrió la puerta del carro para descender. Pero la mano de Rafael la detuvo.
No hacía falta decir nada, el solo roce de su piel con la de él, formaba un desequilibrio en sus emociones.
—No dijiste nada en todo el camino —él mencionó, haciendo que ella lo mirara.
—Solo estuve pensando, no sé si estamos haciendo las cosas de la mejor manera. —Ella suspiró—. Quiero estar contigo, de verdad quiero estar contigo, quiero que disfrutemos nuestro amor sin ningún impedimento. Sin embargo, pens