Abigail comenzó a reír, mientras que su cabeza intentaba procesar las palabras de Rafael.
Sin embargo, esa sonrisa se borró rápidamente al ver la seriedad de él.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó subiendo una de sus cejas.
—¿Ves que me estoy riendo? Abigail te acepté aquí de nuevo, pero sigo insistiendo que debes suplicar, sigo insistiendo que debes…
—No debo nada, te crees con el derecho de humillarme. Lo siento, pero tú no eres nadie para hacerlo —habló con rabia.
Sí, necesitaba el din