Rafael soltó una gran carcajada, lamió sus labios y luego por inercia miró a su nuevo socio.
—¿Lo acabas de conocer y por eso me dices que ya no me amas?
—Si quieres verlo así, por mí no hay problema. Ten un poco de vergüenza Rafael… tu esposa está ahí a pocos metros de donde estamos nosotros.
—Sí, mi esposo está cerca de nosotros. Pero tú estás frente a mí. Abigail he notado lo que tu cuerpo me dice, lo que tus besos me dicen. Abigail te creí la primera vez que me dijiste que no me amabas…