Anabela había logrado dormitar en la silla incómoda de la sala de espera, la cabeza recostada en el hombro de Max cuando el pitido agudo de un código azul resonó por los altavoces.
—Código azul, UCI cardiovascular, habitación 412. Código azul.
Se despertó inmediatamente, el corazón ya acelerado antes de procesar lo que había escuchado, y miró a Max con ojos llenos de terror.
—¿Qué fue eso?
Max estaba pálido,