Anabela no había querido venir, pero el abogado de Hugo había sido insistente, diciendo que era urgente y que había cláusulas que necesitaban ser ejecutadas inmediatamente. Max conducía mientras ella miraba por la ventana sin ver realmente nada, los últimos siete días habían sido una neblina de condolencias, arreglos y noches sin dormir donde lo único que podía hacer era quedarse acostada mirando el techo.
—¿Estás lista para esto? —preguntó Max estac