CAPÍTULO 26. — Herida.
La llevaron a un cuarto en el segundo piso del edificio. No era una bodega como abajo. Era una oficina improvisada. Escritorio de metal. Silla giratoria. Y sobre el escritorio, una laptop de última generación con conexión satelital.
Dos guardias se quedaron en la puerta. Armas visibles. Ojos fijos en ella.
Nikolai entró detrás de ella.
—Tienes dos horas —dijo revisando su reloj—. Si en dos horas no tengo el programa completo funcionando, bajo y le disparo a tu novio en la rodilla. Cada hora des