CAPÍTULO 27
– La mujer que amo.
Max caminaba de un lado a otro en la sala de espera del hospital como un león enjaulado. Sus pasos resonaban en el pasillo vacío. Una y otra vez. Del extremo derecho al izquierdo. Luego de vuelta.
Había sangre seca en sus manos. En su camisa. En sus pantalones.
La sangre de Anabela.
"Esto es mi culpa. Todo es mi culpa."
El plan del hotel había sido una estupidez. Una manera cobarde de verla sin tener que enfrentar la conversación que sabía que debían tener.
Y ahora ella estaba en cirugía. Lucha