mansión López recuperó su silencio habitual cuando el último coche abandonó la entrada. No fue un silencio tranquilo, sino uno denso, cargado de palabras no dichas y miradas que habían hablado demasiado durante el evento.
Ziara subió a su habitación sin mirar atrás.
No huía.
Simplemente ya no necesitaba quedarse.
Yaniel permaneció en el salón principal con sus padres. El señor López se sirvió un whisky; la señora López se sentó con la espalda recta, las manos cruzadas sobre el regazo. Ninguno p