El reconocimiento no llegó con aplausos ni anuncios grandilocuentes, llegó como llegan las cosas que importan, en silencio, de forma constante, cuando ya no se está pidiendo permiso para existir.
Ziara lo notó primero en los detalles en cómo la buscaban para opinar antes de cerrar una decisión, en cómo su nombre aparecía en correos que antes no la incluían, en el tono—respetuoso, atento—con el que le pedían que liderara una presentación que, semanas atrás, habría quedado en manos de otro.
No la