El pasado no avisó, no llamó antes, no pidió permiso,no llegó con dramatismo, sino con esa sutileza cruel que tienen las cosas que creen seguir teniendo derecho sobre uno, Ziara lo sintió antes de saberlo.
Fue una sensación breve, casi imperceptible, mientras caminaba por el vestíbulo del edificio una mañana cualquiera,un cambio en el aire,una incomodidad que no tenía nombre, pero sí memoria.
Se detuvo un segundo...Nada,siguió caminando.
En su despacho, el día avanzó con normalidad. Reuniones,