En eso entró alguien, se escuchó la puerta abrirse, mi madre soltó su agarre de la manguera qué me suministraba oxígeno y pegó un salto aterrada de que la descubrieran en su intento de asesinato. Ingresó Alexander acompañado de un médico, ella los miró con una extraña mueca que intentaba ser una sonrisa pero que daba más miedo que otra cosa, ambos la observaron un poco extrañados por su gesto.
—Sé activó una alarma por un ritmo cardíaco irregular en la paciente—comentó el médico—vine de inmedia