XXXIV

Traté de conectar con mi cuerpo en múltiples ocasiones pero no lo logré, sin importar cuanto esfuerzo hice, cuanto suplique a dios, al universo o a cualquier entidad superior que pudiera esucharme parecía que yo había sido olvidada en el mundo, que mi destino era ser un ectoplasma vagando sin rumbo por ahí. Alexander no me escuchaba ni me veía y las malévolas cucarachas de mi madre y mi hermana tampoco, aunque supuse que si alguna de ellas se llegaba a dar cuenta de que yo estaba ahí probableme
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