Al final mi mamá mejor se marchó, prometió que volvería luego «cuando las cosas estuvieran más tranquilas» pero debíamos ser realistas: eso no iba a pasar, nuestra situación era demasiado caótica y violenta debíamos aceptar que el vínculo esta roto desde un inicio.
Así que acepté mi cruento destino con una paz demasiado certera, la que tiene una persona que conoce el sinsabor de perder en el juego de la vida y lo acepta sin más. Yo era la gran perdedora de la contienda sin duda alguna, parecía