CVIII

Ya Alexander, mi hermana, Zett y mi hija estaban en Europa para sus vacaciones; en unos días confrontaría al hombre que me había quitado todo lo que más amaba en este mundo. No sabía como sería ese momento pero tenía los nervios y a flor de piel, era como ver al diablo personificado.

Si bien a veces quedaba cierta nostalgia difusa por el amor que alguna vez le tuve el deseo de venganza primaba mi sentir: quería que el secuestro sucediera ya, quería torturarlo, deseaba con todo mi fuero interno
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