44. A los 40
El ruido del motor era el único sonido que llenaba el auto. Gabrielle, sentada junto al asiento del copiloto, iba distraída con su teléfono, los audífonos puestos, mientras el paisaje pasaba rápido por la ventana. En el asiento trasero, Katherine estaba sentada junto a su madre y su hermana, quienes hablaban en voz baja. No había duda de que este viaje lo había convertido en su propio desfile familiar, intentando crear una imagen que ya no existía.
A mí, francamente, no me importaba. Katherine