Detrás de ellas, al escuchar esa voz melosa, Anabel y las demás sintieron náuseas.
Pero aun así se acercaron y se escondieron en la esquina para observar, querían ver qué clase de viejo decrépito era ese "hermanito" de Isabella.
En las escaleras del pasillo.
Daniel escuchó a su hermana llamarlo y levantó la mirada con una ligera sonrisa.
Isabella bajó corriendo las escaleras. Daniel le dijo con preocupación:
—Ve más despacio, ten cuidado de no caerte.
—No te preocupes, no me voy a caer... —respo