Pero también sabía la dificultad de este asunto. Ella simplemente no tenía suficiente peso para hacer que los Acosta cumplieran su promesa, a menos que...
Apareciera alguien que pudiera equilibrar las fuerzas con ellos.
Marisela miró al anciano frente a ella. Tendría que molestarlo una vez más.
—Eduardo, cuando firme el documento, me gustaría pedirle que sea mi testigo —dijo Marisela.
Si algo pasara, no era que quisiera que los Cárdenas la ayudaran a obtener justicia, sino que antes de eso, tuvi