—No te estoy presionando. Cuéntamelo cuando estés lista —suspiró Celeste.
—De acuerdo —respondió Marisela, levantando la cabeza con una leve sonrisa.
Compraron toda la ropa que le quedaba bien, luego eligieron zapatos de tacón y finalmente entraron a una peluquería.
—Quiero cortarme el pelo más corto, hasta la clavícula —indicó Marisela sentada frente al espejo.
El peluquero asintió y comenzó a cortar, mientras Marisela observaba pensativa su reflejo. Realmente se veía abatida y sin vida, sin en