—Señor Cárdenas, ¿ya llegó? Mi tiempo es muy valioso.
Lorenzo apretó los dientes y respondió:
—Dime si las heridas de Marisela son graves y dónde está lastimada.
Ulises contestó:
—¿No ibas a venir a verlo tú mismo?
Lorenzo, furioso, gritó:
—¡No puedo ir! ¡Dime de una vez cómo está!
—¿Y por qué debería decírtelo? —respondió Ulises con calma.
—¡Tú...! —Lorenzo estaba a punto de estallar. En ese momento, Ulises se había convertido en su enemigo número uno.
—¿Quieres los quinientos mil dólares? ¡Te