—Pues voy a hacer una buena acción y avisar a esa mujer —respondió Ulises.
Celeste estaba a punto de replicarle, pero al ver la sonrisa maliciosa de Ulises, lo siguió con curiosidad.
En la sala de interrogatorios.
Isabella había dejado de llorar, pero seguía hipando. Su maquillaje estaba completamente arruinado, dándole un aspecto lamentable.
Sin embargo, no tenía ánimos para preocuparse por eso. Solo pensaba en cómo conseguir quinientos mil dólares y en los quince días que pasaría encerrada.
—O