Marisela se subió al asiento del pasajero y sacó una toallita húmeda para limpiarse la mano y la muñeca. Al ver esta escena, Lorenzo sintió otra punzada de dolor.
El Ferrari se alejó y él corrió unos pasos antes de subir a su coche para seguirlas.
Dentro del coche. Cuando Marisela terminó de limpiarse, Celeste habló:
—Ahora cuéntamelo todo.
—Lo siento —dijo Marisela bajando la cabeza.
—¿Por qué te disculpas conmigo? Quiero saber cómo acabaste enredada con Lorenzo, cuándo te casaste con él, ¿por