La batalla de voluntades estaba en su apogeo, la sangre corría por las venas con una presión inquietante. Sus miradas chocaban entre sí en una danza mortal. Elektra se abría paso entre los pensamientos de Irene, avasallándola con su brillante mirada, con la seguridad de su cuerpo que era como golpes en la piel de Irene. Su determinación inquebrantable.
Se acercó sigilosa, y cuando finalmente la tuvo a su alcance, la tomó por sorpresa. Irene, la traidora, la que había engañado a Publius Caesar.