Me senté en la silla a la derecha de mi padre. El cuero estaba frío y la mesa era tan larga que me sentía en un escenario. Los directivos empezaron a abrir carpetas y a carraspear; el sonido de las hojas al pasar parecía el de cuchillos afilándose.
—Bien —empezó Valente, rompiendo el hielo con una sonrisa que no me gustó nada. " Bienvenida, Alexandra. Es... refrescante ver una cara joven en esta mesa. Aunque, siendo honestos, el cierre del trimestre es un asunto de números, no de sentimientos