( Alexandra)
El rítmico golpe del agua contra el muelle era lo único que desafiaba el silencio, y me pareció la música más honesta que había escuchado en años. Me quedé un momento apoyada en el marco de la cocina, observando la escena: Rodrigo peleaba con la leña —con más voluntad que destreza—, mientras Thiago orbitaba a su alrededor, insistiendo en que mañana necesitábamos una red de pesca.
Cerré los ojos y respiré. El aroma a pino y tierra mojada se me instaló en los pulmones, limpiando