( Rodrigo)
Salí de la junta directiva, con la mente llena de pensamientos sobre la villa y el fin de semana que me esperaba. Me dirigí a mi oficina, listo para recoger mis cosas, pero justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, escuché un alboroto en el pasillo. Gritos y voces airadas se elevaban por encima del murmullo habitual de la oficina. Mi mirada se dirigió hacia el escritorio de Alessandra, y mi corazón se hundió. "¿Qué había pasado ahora?".
¿Qué es todo este escándalo? rugí furioso, esperando una explicación. Todos los funcionarios voltearon sus ojos en dirección al escritorio de Alessandra, donde estaba sentada, roja como un tomate, hirviendo de rabia.
"Señorita Montalvo", la llamé con voz autoritaria. ¿Qué es todo ese griterío? Este lugar se respeta, no es un gallinero, dije con voz seria.
Ella me miró con ojos llorosos. "Discúlpeme, señor, pero no estoy dispuesta a aguantar los comentarios despectivos que susurran a mis espaldas, si quiere despedirme