El horario de descanso había llegado como un alivio necesario tras una mañana cargada de archivos. Como ya era costumbre en las últimas semanas, nos reunimos todos en el área común para almorzar. Sebastián, uno de los analistas de finanzas con quien había entablado una buena amistad, se sentó a mi lado con una sonrisa que delataba sus intenciones.
—Ana, he estado pensando... —comenzó, rascándose la nuca con nerviosismo—, ¿te gustaría salir a cenar conmigo esta noche? Conozco un lugar nuevo de