Me observo en el espejo cada mañana y el reflejo me devuelve a un extraño que ha olvidado el significado de la piedad. Alexandra creyó que el océano y el anonimato serían su escudo, pero solo logró engendrar a un hombre que no conocerá el descanso hasta tenerla de rodillas, suplicando perdón por haberme condenado a este invierno perpetuo en el alma.
—Si pretendía que la olvidara, debió asegurarse de matarme primero —le siseé a mi reflejo mientras ajustaba el nudo de mi corbata negra—. Porque