( Flashback Rodrigo)
Habían pasado tres días desde que Alexandra me pidió distancia tras el entierro de su padre. Setenta y dos horas de un silencio corrosivo que intenté respetar, pero mi naturaleza nunca ha sido la de esperar el permiso de la vida. Conducir hasta la mansión de sus padres me pareció, en mi ingenuidad, un gesto de apoyo necesario; jamás sospeché que ese camino de grava me conduciría directo a mi propia ejecución emocional.
Al frenar frente a las imponentes puertas de hierro