CAPÍTULO SESENTA Y DOS

STELLA

Después de hablar con Zella, busco a Milo; lo extrañaba. Lo encuentro en el cuarto de juegos, agachado sobre una elaborada torre de bloques. Levanta la vista cuando entro y su rostro se ilumina al instante.

—¡Mami!

—Hola, cariño. —Me siento en el suelo junto a él—. ¿Puedo ayudarte?

Asiente con entusiasmo y me entrega los bloques. Construimos en un cómodo silencio durante unos minutos antes de que vuelva a hablar.

—¿Papá y tú están peleando?

Se me detienen las manos.

—¿Qué te hace pensar eso?

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