STELLA
Estoy abrochándome el collar cuando Antonio entra en nuestro dormitorio, ya vestido con el atuendo formal para la ceremonia de luna nueva de esta noche, esa que ambos habíamos olvidado por completo hasta hace una hora.
Pantalones oscuros, una camisa blanca impecable con el primer botón desabrochado y un blazer gris oscuro que hace que sus hombros parezcan increíblemente anchos. El mechón plateado de su cabello refleja la luz del atardecer.
—Te ves hermosa —dice, deteniéndose en la puerta para mirarme.
Miro mi vestido: un verde esmeralda intenso que se ajusta a mis curvas antes de caer hasta las rodillas. Sencillo pero elegante. —¿No crees que es demasiado para una ceremonia de luna nueva?
—Es perfecto. —Cruza la habitación y coloca sus manos en mi cintura. A través de nuestro vínculo, siento su sincera admiración mezclada con algo más cálido—. Aunque podría pasarme la noche entera ahuyentando lobos que no pueden dejar de mirar a mi pareja.
—¿Muy posesivo? —bromeo, pero sonrío m