CAPÍTULO CATORCE

Antonio me conduce al gran salón, donde decenas de miembros de la manada se han reunido formando un semicírculo. La sala enmudece al entrar, todas las miradas se dirigen hacia nosotros, o mejor dicho, hacia el niño pequeño que nos sigue unos pasos atrás junto a Aziel. Milo abre los ojos como platos ante tanta atención, pero para mi sorpresa, no se achica. Al contrario, endereza sus pequeños hombros

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