Mundo ficciónIniciar sesiónMe siento a la mesa de la cocina, contemplando mi taza de té recién hecha mientras la luz del atardecer se cuela por las ventanas. Mi mirada se posa en Milo, tendido en la alfombra del salón, jugando contento con sus juguetes. Llegó del colegio hace una hora, y Antonio acaba de irse, furioso tras nuestra pelea. Han pasado dos semanas en esta nueva realidad —crianza compartida con Antonio— y estoy agotada de una forma que nunca imaginé. No solo físicamente, sino emocionalmente. El vínculo de pareja late como un moretón cada vez que estamos en la misma habitación, un recordatorio constante de lo que pudo haber sido, de lo que debió haber sido según la ley de los hombres lobo, pero que él rechazó.
Aun así, soporto el dolor porque ver a Antonio con Milo hace que todo valga la pena. Su con







