—¡Alexia! —susurró Chloe acercándose sin dudarlo cuando vio que su amiga comenzaba a abrir los ojos—. Gracias a la Diosa Luna, despertaste.
Alexia parpadeó varias veces, incorporándose en la cama y enseguida vio que Chloe estaba cargando a su bebé con un cuidado casi reverencial.
Chloe abrazaba a la pequeña cachorra como si fuera un tesoro que no pensaba soltar jamás.
Sus ojos brillaban emocionados al ver a Alyssa.
—¿Chloe…? —la voz de Alexia salió temblorosa—. ¿Qué… haces aquí?
Ell