Después de que Alexia se quedó dormida con su pequeña cachorra en su pecho, Nicholas la observó un instante más. Ambos rostros, el de su compañera y el de su hija, tenían la misma paz, la misma luz que él haría lo que fuera por preservar.
Con una ternura que solo ellas despertaban en él, el Alfa tomó a la cachorrita dormida caminando hasta la cuna que había hecho que su Beta comprara cuando llegaron a la casa de su hijo.
Le dio un vistazo a ambas y salió de la habitación.
Tenía algo que r