Sebastian cerró la puerta y avanzó hacia Gemma con una sonrisa enorme en el rostro.
—Quita esa expresión arrogante de tu cara —musitó ella con fingida molestia, aunque una sonrisa la delató.
—¿Así que querías lanzarte sobre mí?
—Mi hermana solo estaba molestándome, como siempre.
—Sabes que no habría puesto mucha resistencia, ¿verdad? —dijo él, acercándose hasta apoyar las manos en los reposabrazos de su sillón, girándola hacia él—. De hecho, habría andado desnudo cerca de ti, si hubiera sabido