XXII. Un torbellino llamado Morag
Ailsa escuchaba los gritos desde la planta de arriba y miraba a Callum que tenía unos audífonos, entretenido con el nuevo juego portátil que le regaló Matt.
La verdad es que en el fondo sintió un poco de pena por ellas, pero enseguida lo suprimió, ya no podía ser tan tonta e ingenua.
Esa mujer y su hija, no le habían tenido a ellos ninguna piedad.
Matt le había dicho anoche que no se preocupara, que él resolvería el problema de plagas y ella y Callum podían vivir tranquilos en el castillo con e