XXI. Desalojo forzado
Isla no durmió en toda la noche y cuando se levantó en la mañana, miró con preocupación, como se le había acabado su base facial encubridora.
La necesitaba con urgencia y no podía salir así a ver a nadie.
Así que, casi huyendo del castillo, con unos lentes de sol grandes y oscuros.
Fue a las tiendas especializadas a comprar lo que necesitaba.
Podía haberla pedido por internet, pero sentía que no era lo suficientemente rápido, nadie podía conocer su vergüenza.
Solo que nunca se imaginó que desp