POV: Alma
Dormí a saltos.
Cada vez que cerraba los ojos veía la misma palabra, escrita en grande dentro de mi cabeza.
Omega.
Ya no es un concepto lejano. Ayer Alex la dijo como si supiera exactamente lo que significaba para mí.
Me levanto con la sensación de llevar un sello invisible. El mareo sigue, leve. Los olores siguen fuertes. La diferencia es que ahora sé que algo en mi cuerpo cambió de marcha.
En el bus, el aire es espeso: perfume barato, grasa, humo. Lo he olido mil veces, pero ahora mi cuerpo reacciona como si buscara algo entre todo eso. No encuentra tormenta ni ámbar, y por alguna razón eso me alivia.
Paso la tarjeta en el lobby. Subo al piso treinta y uno.
Mila deja un café en mi escritorio.
—Hoy pareces menos muerta —dice—. Progreso.
—Capaz ya me fusioné con el teclado —respondo, encendiendo el computador.
—¿Qué dijo la doctora? —pregunta.
No voy a contarle “soy omega” en medio del piso.
—Estrés, adaptación, control en unos meses —resumo.
Mila frunce la boca.
—Clásico. “S