Recompensa. 5
Aileen estacionó frente a la pequeña cafetería de su abuela, el letrero de madera colgaba torcido, con las letras medio borradas por el sol, pero a ella le pareció tan hermoso como siempre. Hacía una semana que no pasaba por ahí, y el simple olor a café recién molido y pan caliente que escapaba por las ventanas le revolvió el corazón, empujó la puerta y el tintinear de la campanita la hizo sonreír.
— ¿Abuela? — llamó, asomándose por el mostrador.
Eleonor giró desde la barra y soltó un chillido